¿Qué hace que una persona esté nerviosa, asustada o preocupada en medio de un pacífico prado lleno de flores y marapisosas? Lo que está generando en su mente. Lo que se está imaginando que pasará o lo que está recordando que pasó.
En raras ocasiones nuestro presente es tan malo como lo que recreamos en nuestra mente, pero precisamente esta creación mental acaba afectándonos mucho más que la realidad. Los efectos son que perdemos eficiencia emocional para enfrentarnos al presente por estar simulando el futuro.
En tiempos de crisis, con tanta información poco alentadora, nuestro cerebro empieza a generar futuros de los que no somos muy conscientes pero que afectan a nuestras emociones.
Esas generaciones no son reales, son mentales y las podemos modificar a voluntad. El primer paso es tomar consciencia de ellas, y luego decidir que imaginar.
Algunos dirán que si el futuro es negativo es negativo, pero a efectos prácticos, el sentirse mal solo limita tu habilidad de ser creativo, de tomar buenas decisiones,etc.. Sin tener que caer en el pesimismo, genera ese futuro que te permita sacar lo mejor de ti mismo ahora.
Nuestra vida está repleta de rituales, hábitos, inercias, o automatismos. Damos por sentado que las cosas deben ser como son actualmente, sin cuestionarnos como podrían ser. Lo mismo nos pasa con lo que hacemos. Damos el control a nuestra parte más inconciente, y con ello lo perdemos conscientemente.
Llegamos a creer que es necesario comer en un restaurante en concreto, pasar los fines de semana aquí o allá, o simplemente tomar un café o desayunar fuera de casa. Vale la pena fijarse en como utilizas el teléfono, como conduces, o simplemente para que utilizas el coche. Como todo, no hay nada ni bueno ni malo, solo más o menos útil dependiendo del contexto. El contexto actual es de prudencia y moderación.
Realmente, tu necesitas todos estos hábitos para seguir vivo, ni tan siquiera para ser feliz. Lo que necesitas para ello está dentro de ti. Aunque eso lo exploraremos en siguientes herramientas, no puedes simplemente ceder el control de tus emociones a simples hábitos.
Prueba de hacer una pequeña auditoría de todos aquellos hábitos que ahora crees necesarios y que no lo son. Priorízalos, clasíficalos y por último cuantifícalos. Te vas a sorprender de la cantidad de dinero que supone al mes. Ahora hazte la siguiente pregunta: ¿De cúales de ellos puede prescindir o al menos cambiar su frecuencia? ¿Cuanto dinero te supone? En tiempos de crisis, todo cuenta.
Los tiempos de crisis tienden a cambiar el modo operativo de las personas hacía “alejarse de” o simplemente a reforzarlo en aquellos que ya funcionaban con él. El modo operativo “alejarse de” es el que nos permite evitar amenazas o peligros a través de enfocarnos en ellos y buscar alternativas más válidas.
Es un modo muy útil para resolver situaciones a corto plazo, urgencias o como principio de prudencia. Pero el enfocarse demasiado en lo que se quiere evitar, provoca una pérdida automática de lo que se quiere conseguir.
En momentos concretos no constituye un problema, pero si se sostiene en el tiempo acaba generando un movimiento a la deriva ya que solo se sortean dificultades, sin un rumbo o dirección claras. Y es que el modo más rápido de llegar a ninguna parte es moverse sin una dirección definida.
Tan importante es saber de lo que te alejas como saber a lo que te acercas. Uno te permite sobrevivir y el otro vivir con un sentido.
Especialmente ahora, es importante marcarse objetivos, o hasta diferentes escenarios (p.e.: A: la crisis dura 3 meses, B: la crisis dura 1 año, C: se acaba el mundo en dos semanas) que te ayuden a dibujar un plan de acción. Cuando lo estés dibujando, sabrás perfectamente que aparecerán obstáculos predecibles y otros totalmente impredecibles. No importa, porque la acción que emprenderás ya no será solo evasiva, sino que además te acercará un poco más a tus objetivos.
Alguna vez, a alguién o a algunos les interesó hacerte creer que el único modo de ser diferente era llevando ese reloj de pulsera de titanio capaz de soportar 200 atm, o conduciendo ese coche que era la envidia del vecindario. Quizás creiste que era necesario ir a ese restaurante del que todos hablaban porque trabajas duro toda la semana y era una buena recompensa para tí. Hasta quizás creiste que las playas de la República Dominicana eran la única opción para disfrutar de unos días de descanso.
De hecho, esto no es más cierto que poder disfrutar de una cena en casa con aquella persona especial, o con tus amigos o familia. El perderse en la sencillez de un plato casero pero cocinado con ilusión, o observar la cara de asombro de aquellos que desconocían tus nuevas habilidades culinarias, puede llegar a ser mucho más recompensante.
Quizás la belleza de una playa no se tenga que medir necesariamente por la distancia a la que se encuentra ni en sus diferencias con las conocidas. Quizás el nuevo juego sea descubrir la belleza escondida en cada lugar. En los matices a los que nunca antes habías prestado atención.
A alguién le interesó hacernos creer que el consumismo era la única vía. Una huida hacía adelante como medio para la felicidad inmediata. Quizás ahora ha llegado el momento de redescubrirte en un momento de soledad, gozando de esos instantes de juego con tus hijos, perdiéndote en una apasionante novela o compartiendo una agradable charla por un parque.
Lo simple vuelve a ser una opción
Si estás buscando trabajo hay algo que debes saber: las personas que tienes delante son personas como tu, con una diferencia y es que ellas tienen trabajo y tu todavía no. No te tienen que hacer ningún favor contratándote, porque de hecho, probablemente ellos solo decidan si eres válido o no. Pero aunque estuvieras delante de el director de la empresa, recuerda que todavía es una persona. Tu le vas a hacer un favor si te contrata, porque tanto el seleccionador como el director lo que quieren es acertar con su decisión. El primero quiere demostrar que es un buen profesional y conservar su empleo, el segundo quiere lo mejor para su empresa.
La gente inconscientemente percibe una gran cantidad de información no contenida en el discurso. Esta información mayoritariamente proviene del estado emocional del emisor. Proviene de la expresión de la cara, del tono de voz, del ritmo, de las pausas, de los movimientos de los ojos, entre otros.
No intentes controlar tu comunicación inconsciente, es imposible y solo te provocaría rigidez y falta de naturalidad. En cambio, construye un estado emocional poderoso. Piensa en lo que la persona que tienes delante quiere sentir de ti y genera ese estado emocional dentro de ti.
Todo tu lenguaje inconsciente empezará a dar esas micropistas que harán sentir bien a tu interlocutor e incrementarán tus oportunidades de conseguir el puesto. ¿Cómo hacerlo? Imagináte alguna vez en que te sentiste como te quieres sentir el día de la entrevista (relajado, confiado, sereno, poderoso, motivado) y busca que emociones y donde se localizan en tu cuerpo. Luego, dedícate a buscar más situaciones similares que te permitan aumentar ese estado. Hazlo solo 5 o 10 minutos antes de entrar, y entra con esas emociones.
Cuando las cosas van mal existe el riesgo de cambiar a “modo supervivencia”, es decir, buscar cualquier forma posible de conseguir dinero para subsistir (pagar hipotecas, préstamos, escuelas, comida). A menudo, la necesidad hace que los valores establecidos por la persona, súbitamente se vean golpeados por la situación de excepción.
Estas circunstancias llevan a las personas a saltarse ciertos valores o principios que para ellos son muy importantes. Un valor, es aquello a lo que la persona le da mucha importancia (la amistad, la lealtad, el rigor, la puntualidad, el amor, la libertad) y tiene efectos muy profundos dentro de ella. Cuando alguien no respeta sus propios valores se siente mal.
En tiempos de crisis, esa sensación de incongrüencia puede ser un precio a pagar a corto plazo por la necesidad de conseguir un resultado específico, pero a medio plazo tiene efectos muy devastadores.
Precisamente en momentos de crisis, es cuando más necesario es interactuar con las personas. Y las relaciones entre las personas se basan en la confianza. Cuando alguien no respeta sus propios valores, se siente incongrüente, pero además, esa incongrüencia es percibida por los demás y se pierde la confianza.
Es un muy buen momento para descubrir que valores te mueven, es decir, que es lo importante para tí y saber que es lo que estás dispuesto a sacrificar y que no. Sin confianza en quien te contrata, en quién te ayuda, vas a estar aislado del mundo. Tus posibilidades se van a restringir terriblemente. Pero al mismo tiempo, en tiempos de crisis, la gente necesita gente de confianza, gente en la que apoyarse. Establece tus valores claramente y se congrüente con ellos. Se un punto de referencia en estos tiempos turbulentos.
Parece una obviedad pero lo cierto es que la gente no sabe como descansar. Todos saben que el dormir bien afecta directamente al redimiento del siguiente día. De hecho, el efecto es tanto intelectual como emocional. En estos tiempos de incerteza, es importante estar equilibrado y emocionalmente listo para poder afrontar las dificultades.
Algunas culturas tienen rituales para antes de dormir, y es que las personas suelen irse a dormir como una parte más de las tareas diarias: automáticamente. Otras, están tan cansadas, que simplemente se dejan caer en la cama arrastrando con ellas toda la carga emocional del día que terminó.
El dormir, ocupa prácticamente una tercera parte de nuestra vida, lo que de algún modo quiere decir que es un proceso muy importante. A pesar de eso y como el respirar, como nacemos con ellos y son automáticos, no les prestamos más atención.
La preparación antes del sueño es imprescindible para un buen descanso.
Antes o cuando ya estés en la cama, tomáte unos minutos y relájate. toma consciencia de como está tu cuerpo. Que áreas están más tensas o congestionadas, como estás respirando, en qué estás pensando. Date unos minutos antes de dormir para hacer unas respiraciones conscientes, para relajar tu cuerpo, para calmar tu mente. Relaja los músculos de la cara, la mandíbula, el cuello.
Dedícale entre cinco y diez minutos. No es necesario más. Pronto te darás cuenta, que descansas mejor por la noche y que tu rendimiento emocional e intelectual mejora durante el día.





